EL NERVIO OPTICO De María Gainza Una mujer joven que en la realidad la primera mitad de su vida fue rica y la otra mitad pobre. Una niña rica cuyo mundo se redujo al ómnibus que la llevaba y traía del colegio selecto a su casa y en los meses de vacaciones a los viajes cargados de visitas a museos de arte. Los cuadros, la lectura, retazos de vida de pintores y las vivencias de esa niña que cuando fue adulta se deshizo de los mandatos de familia aristocrática pero no del caudal de su formación en el arte. El nervio óptico es una novela pero también un viaje por la historia de la autora, una colección de las glorias y fracasos de artistas, todo diseñado con un pincel de alguien que maneja las palabras de un modo insólito. Quien lea este libro sent...
Hambre de agua que pasa y nos mira hasta vernos la hondura. Diván a cielo abierto bucear en la humedad del recuerdo sus secretos y los nuestros. El río desnudo deja ver la entraña sin más palabras que sus huesos, sueña que alguien hará raíz en este tajo con más de dos bordes. Puedo escuchar el quiebre de una cicatriz ternura ausente que nunca se queja hasta el hueco parece una ofrenda. Río desnudo puedo medir el dolor que va de una orilla a la otra herida. Río seco y un dios que tiene sed. Ester Brafa
(Primer Premio Monólogo - Concurso de Dramaturgia "El arte, la locura y los derechos humanos" - Frente de Artistas del Borda - 2009) Si, doctor, un sueño, tuve un sueño. Pero esta vez tengo la sensación de no haber despertado, hay algo en mi cuerpo que aún está en el sueño, o el sueño en mí, no sé… Estaba escribiendo un cuento y las palabras iban cayendo sobre el papel como si estuviera sacándome la ropa. Cada palabra se veía con el color y la textura de cada prenda. Escribía e iba desnudándome. Se tocaban el papel y mi piel. El abrigo era un verbo y un adjetivo la prenda íntima. Ya desnudo miré mi vestuario sobre la hoja y me di cuenta que éramos dos desnudos, frente a frente, ambos buscando el sustantivo. No aparecía el sustantivo…. y desperté… o parece, no sé… y sigo buscando el sustantivo. Nunca soñé algo así, doctor. Lo raro es sentir que el sueño continúa y ahora llevo encima y adentro la sensación de que la ropa es una interrupción… ¿será que nos vestimos...
(Primer Premio Nacional de Cuento - Concurso Carpa Blanca - 2000) La historia que estaba armando le atraía no obstante la cantidad de detalles y circunstancias aún sin definir. Las palabras eran su lugar en el mundo y también su exilio permanente. Las palabras eran su sombra. Ellas lo proyectaban como nadie, cruzaban ríos y mares por él, se deslizaban exactamente con él por las calles y trepaban las paredes y los miedos junto a él como ninguna compañía lograba hacerlo. Las palabras tocaban a los otros y tal vez, los penetraban como sus manos no podían. Las perseguía como un amante eterno, sin poder asirlas y por otro lado, sin poder desprenderse de su presencia. El precio de la renuncia a ellas era el silencio absoluto y Juan sabía que aún no estaba preparado para eso. Así que en todos los momentos disponibles, se entregaba a la tarea de seguir entrelazando aquella historia.- Escribía como siempre, a mano. La computadora le parecía un sensor que se tragaba los sobre...
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